Prisionero en Malí: «Los milicianos me cortaron la mano con un cuchillo»

18/Feb/2013

BBC News, Thomas Fessy

Prisionero en Malí: «Los milicianos me cortaron la mano con un cuchillo»

Algalas ag Moutkel muestra con su brazo izquierdo lo que está escrito en la celda en la que estuvo encarcelado bajo el régimen de los milicianos islamistas en Gao, al norte de Mali.Cada día que pasaba, lo marcó con un trozo de carbón. Así, contó un mes.Cuando los miembros del grupo islamista Mujao lo sacaron de la cárcel, estaba inconsciente y en la parte trasera de un auto, rumbo al hospital.Su brazo derecho estaba sangrando, ya que los milicianos acababan de cortarle la mano con un cuchillo.»Me ataron contra esta columna», recuerda el Sr. Moutkel, de 22 años de edad y padre de tres hijos, a medida que recorremos la cárcel donde estuvo detenido.Se recuesta contra ella y dobla las rodillas, para mostrarme cómo lo sentaron en una silla.Luego imita a alguien que le pone cuerdas alrededor de sus piernas, su cintura y sus brazos.»Eran muchos», dice.»Algunos llevaban una máscara y uno de ellos filmó toda la escena con su teléfono móvil.»En pocos segundos, uno de ellos salió del grupo con un cuchillo y me cortó la mano, tan directamente como se ve», explica el Sr. Moutkel, mientras mueve el muñón por encima de su muñeca izquierda para imitar el cuchillo.»Cuando desperté, estaba en el hospital.»La Plaza de la Independencia pasó a llamarse «Plaza de la Sharia» por los islamistas Mujao. Al menos 12 personas pasaron por el mismo horror, ya sea en público o en la parte trasera de la prisión, según Diallo Sadou Harouna, alcalde de Gao.Cinco de ellos tenían una mano y una pierna amputada. Las piernas también fueron cortadas con un cuchillo, generalmente por debajo de la rodilla.Ciudad embrujadaEl Sr. Moutkel fue acusado de haber robado un colchón.No se presentó evidencia alguna en su contra, pero la gente está demasiado conmocionada por la brutalidad y la barbarie del acto, que no está para discutir la acusación.Una atmósfera siniestra todavía cubre a Gao.Casi todos los días, los franceses desactivan minas, granadas o material utilizado para fabricar bombas caseras que se encontraron en las casas habitadas por los combatientes yihadistas.Ninguno de los muchos grandes carteles negros que declaran la Sharia han sido eliminados. Están plantados por todas partes.»Al-hijab para la bendición de Alá y la pureza de las mujeres», se puede leer en francés y en árabe.Se refiere al código de vestimenta que le fue impuesto a las mujeres.Tenían que cubrir enteramente su cabeza, su cara y su cuerpo.La Plaza de la Independencia pasó a llamarse «Plaza de la Sharia».Ahora los niños juegan al fútbol en el tramo largo y polvoriento donde se llevaron a cabo los castigos públicos.Un empleado del ayuntamiento lamenta que estos carteles se mantengan inamovibles  en todas partes.Signos de la  Sharia aún se pueden ver por todas partes en Gao.»Estamos esperando que el gobernador nos de los medios para acabar con ellos», dice el hombre, que se negó a dar su nombre.La prisión de los islamistas donde estuvo detenido el señor Moutkel ha sido vaciada, pero la bandera Mujao blanca dibujada sobre una chapa de hierro negra, sigue clavada en la pared de hormigón por encima de la entrada principal.Unos 25 prisioneros fueron arrojados en la celda del Sr. Moutkel que, según mi cálculo, era de unos 10 metros cuadrados.»Agitados y asustados ‘Muchas de las víctimas de las amputaciones de Gao ahora están incapacitadas para encontrar un trabajo, no se les dio agua ni alimento.A veces, sus captores islámicos permitían que miembros de su familia les trajeran algo de comer.»Lo peor fue cuando cinco personas fueron amputadas al mismo tiempo,» recuerda el Dr. Abdulaziz Maiga.»Estaban tan agitados y asustados, que estuvimos totalmente abrumados».Las cicatrices dejadas por la dura ley islámica, son visibles no solo en el muñón del Sr. Moutkel.El Dr. Maiga explica que los militantes tomaban un tubo de goma de un neumático de bicicleta y lo ataban alrededor de la herida, para detener la hemorragia mientras llevaban a sus víctimas al hospital.»Teníamos morfina para calmarlos, ya que tuvimos que cortar unos centímetros más para el caso de que pudieran conseguir una prótesis algún día», dice.»El problema está en que hicimos lo que pudimos. Ahora estos amputados necesitan antibióticos contra potenciales infecciones, así como analgésicos comunes.»Pero las autoridades no los apoyan en nada. Muchos necesitan ayuda psicológica».El Sr. Moutkel accedió a llevarme de nuevo a la cárcel para que «la gente pueda ver por sí misma lo que nos pasó aquí».»La gente tiene que saber» dijo, quejándose de que su gobierno los “había abandonado» durante estos 10 meses de ocupación.El Sr. Moutkel era un trabajador de la construcción. La amputación significa que no puede trabajar más.»No sé lo que voy a hacer», dice.En la ciudad, un signo de la Sharia ha sido pintado de ambos lados, con la bandera francesa en uno y la de Níger en el otro – celebrando la presencia de las tropas extranjeras que fueron enviadas a recapturar la ciudad.Pero por debajo, la pintura negra yihadista sigue siendo visible.Los soldados franceses y nigerinos han reforzado la seguridad con las fuerzas armadas malienses, pero sigue habiendo una amenaza invisible.Algunos de los milicianos más violentos que huyeron al norte de Malí el año pasado, gobernaban Gao hasta hace tres semanas.Ahora están decididos a sembrar el terror entre la población.Gao vio por primera vez ataques suicidas con bombas en la historia de Malí a finales de la semana pasada, mientras que el domingo milicianos islamistas se enfrentaron en intensos combates con fuerzas lideradas por tropas francesas, en el centro mismo de la ciudad.»Cuando los franceses liberaron la ciudad yo estaba tan feliz, que mi dolor desapareció,» dice el Sr. Moutkel en un tono de sorpresa.»Lo digo en serio, ha desaparecido totalmente.”»Pero ahora temo lo peor.»